Las autoridades continúan investigando el ataque ocurrido en el Centro Islámico de San Diego, en California, como un posible crimen de odio. El tiroteo dejó al menos cinco muertos, incluyendo a los dos presuntos atacantes adolescentes.
Según los reportes más recientes, los sospechosos tenían entre 17 y 19 años y, después del ataque, aparentemente se suicidaron cerca del lugar. Las víctimas incluían miembros de la comunidad musulmana y un guardia de seguridad que intentó detener la agresión.
La policía de San Diego informó que la madre de uno de los jóvenes llamó a emergencias antes del ataque para reportar que su hijo había robado armas y mostraba comportamientos suicidas. Minutos después comenzaron los disparos dentro del complejo islámico, que también funciona como escuela religiosa.
El FBI participa en la investigación porque se encontraron mensajes islamófobos y referencias de odio racial en el vehículo de los atacantes y en algunas armas recuperadas por las autoridades.
Testigos describieron escenas de pánico mientras familias y niños buscaban refugio durante el ataque. Un niño de 9 años relató que escuchó múltiples disparos y quedó paralizado del miedo.
El presidente Donald Trump calificó el ataque como “terrible”, mientras que líderes musulmanes y autoridades de California pidieron mayor protección para lugares religiosos ante el aumento de incidentes de odio en Estados Unidos.




